Salvadillo con temperante, el sabor que preserva la tradición de Comitán

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Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón. – Como parte de la riqueza gastronómica de Comitán de Domínguez, existe un sabor que ha acompañado a generaciones enteras y que sigue siendo motivo de orgullo entre sus habitantes: el tradicional salvadillo con temperante.

Más que un desayuno o una merienda, esta combinación representa una costumbre familiar que conserva la esencia de la panadería artesanal y el valor de las recetas heredadas de generación en generación.

El salvadillo es un pan elaborado con una receta sencilla a base de harina, azúcar, levadura y una levadura madre que ha sido preservada durante décadas en algunas panaderías tradicionales. Su característica principal es su sabor salado con un ligero toque semidulce, una cualidad que le da identidad y explica el origen de su nombre, al tratarse de un “salvadillo de sal”.

Aunque sus ingredientes parecen simples, su elaboración exige paciencia, experiencia y un largo proceso de fermentación que permite obtener su textura y sabor característicos.

Una de las panaderías que mantiene viva esta tradición es Panadería Las Torres, fundada en 1959 y considerada una de las más representativas de Comitán. Actualmente, el negocio continúa bajo la dirección de las hermanas herederas de esta tradición familiar, quienes conservan las técnicas aprendidas de sus abuelos y tíos.

Pero el verdadero complemento del salvadillo es el temperante, una miel preparada con agua, azúcar, canela y un ligero colorante, que se vierte sobre el pan para intensificar su sabor. Esta mezcla también suele disfrutarse como agua fresca, convirtiéndose en una bebida refrescante muy apreciada por los comitecos.

El resultado es una combinación sencilla, pero profundamente reconfortante. El pan absorbe la dulzura especiada del temperante, creando una experiencia gastronómica que muchos relacionan con la infancia, los desayunos familiares y la hospitalidad característica de Comitán. Es un alimento que, además de aportar energía, evoca recuerdos y fortalece el sentido de identidad de quienes crecieron disfrutándolo.

Para quienes visitan Comitán de Domínguez, probar un salvadillo con temperante es acercarse a una tradición que trasciende el simple acto de comer. Es descubrir el trabajo de familias panaderas que han mantenido vivo un legado por más de seis décadas y comprobar que, en ocasiones, los sabores más memorables nacen de las recetas más sencillas.

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