Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón.- Hay historias que ayudan a comprender el verdadero significado de una tradición, y la de Don Chonito es una de ellas. Hablar de él es recordar que ser parachico, va mucho más allá de vestir una máscara de madera, un sarape y una montera; es asumir una promesa de fe, identidad y profundo amor por Chiapa de Corzo.

El parachico es uno de los grandes símbolos culturales de Chiapas y el personaje central de la Fiesta Grande de Enero, una celebración que reúne a generaciones enteras en honor a San Sebastián Mártir, San Antonio Abad y al Señor de Esquipulas. Durante varios días, hombres y mujeres recorren las calles danzando al ritmo del tambor y el carrizo, manteniendo viva una tradición que ha pasado de padres a hijos por más de dos siglos.

Entre quienes dejaron una huella imborrable destaca Don Chonito, nombre con el que todos conocían a don Concepción Gómez Nigenda. Durante décadas fue reconocido como el parachico de mayor edad, pero, sobre todo, como un hombre que vivió esta tradición con una entrega absoluta.

Él mismo contaba que, siendo apenas un niño, observaba fascinado a los parachicos recorrer las calles. Su corazón latía al compás de la música y soñaba con algún día unirse a la danza. Sin embargo, las dificultades económicas de su familia retrasaron ese anhelo. Aun así, nunca dejó de alimentar ese deseo hasta que finalmente pudo convertirse en uno de ellos.

Su participación se extendió por poco más de 77 años, una vida entera dedicada a caminar junto a sus compañeros de danza y a cumplir su promesa de fe. Para Don Chonito, ser parachico no era una actividad de unos cuantos días al año; era una manera de entender la vida, de agradecer, de servir y de mantener viva la memoria de su pueblo.

En 2021, cuando la pandemia obligó a suspender las celebraciones, la tristeza fue inevitable. Sin embargo, con la serenidad que siempre lo caracterizó, expresó que continuaría con sus cantos, rezos y danzas desde la sala de su casa, acompañado de su familia, convencido de que la verdadera fortaleza de un parachico nace del corazón y no únicamente de recorrer las calles.

La historia de Don Chonito sigue siendo una inspiración para quienes cada enero se colocan la máscara y toman la chinchín para participar en la Fiesta Grande. Su ejemplo recuerda que las tradiciones permanecen vivas gracias a las personas que las abrazan con amor, respeto y convicción, convirtiéndose en un legado que trasciende el tiempo y fortalece la identidad de Chiapa de Corzo y de todo Chiapas.

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