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¿Un año perdido?

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¿Un año perdido?

BUENOS DÍAS CHIAPAS

Estamos a dos meses de cumplir un año, aquí en México, en que las actividades, sobre todo las económicas empezaron a caer en picada.
Esto arrastra a las demás. Los estadios sin gente. Acabaron las corridas de toros y otros entretenimientos que fueron imposible costearlos con la TV.
El trasporte escolar quedó parado. Los autobuses de turismo empezaron a oxidarse.

¡Qué tristeza!
En algunos países la parálisis casi fue total. La gente tenía que estar en sus casas.
Aquí en México, el gobierno ha ido equilibrando el cierre de los negocios.
Para mí que fue una torpeza el no haber vendido cerveza durante varios meses.
Licores sí. A ver, ¿cómo está eso?
Al paso de los meses se tuvo que ser más flexible.
En Europa y otros países, el confinamiento no dio el resultado que esperaban.
Un ejemplo. Inglaterra nos viene ganando en fallecimientos diarios.
¿Qué me dicen de eso?, los que culpan al gobierno de un mal manejo de la pandemia.
¿Qué me dicen de los presos que se han infectado ya no han salido a la calle desde hace meses o años?
¿Hasta dónde se hace efectivo el cubre bocas?
Algunos médicos aconsejan salir al campo, respirar hondo y asolearse, cuando menos media hora diaria.
Hágalo en su azotea.
En el año perdido también se dieron muchos cambios, reflexiones, meditaciones, cambios de actitud y de conducta, etc.
En mi caso, traté de llevar mi vida familiar como en el años 2019.
En mi caso, esta columna no se suspendió.
Tengo tres trabajos para leerlos ante un público. También le pediría a mi jefe Noé que se publicaran en este diario. Ocuparían más o menos dos páginas.
Ser columnista libera. Nos obliga a estar informado e intercambiar opiniones.
Hay profesionistas a los que les fue mejor. Los médicos, los especialistas, llenan sus consultorios, porque no hay consultas de especialidades en el IMSS, ISSSTE, etc.
Aumentaron sus ganancias. Y no digamos la kalas. Si antes eran 30 muertos al mes, de promedio; ahora son 90.
Todo es según el color del cristal con que se mira.
Hay quienes esta pandemia les cayó como anillo al dedo.
Vienen las elecciones. De aquí a junio muchos no llegarán, porque la peste arreciará febrero-marzo. Los meses más fríos. No me lo crean, no soy nostradamus para decirles si nos vamus o nos quedamus.
Sí, jefe Noé, como que por ratos quiere uno aceptar la derrota, no, ¡ni maíz!
Serenidad y paciencia, aconsejaba el maestro kalimán.
Ya les he dicho que no mata el virus, mata la raya.
También he repetido que no solo de COVID muere el hombre. Tampoco vive solo de pan.
Qué creen, que me van a poner dos puentes movibles. El Dr. Alejandro Marín, que está en lo que fue el sanatorio del Dr. Pavía, frente a la Esc. R. Figueroa.
No quería gastar porque me dije: de vicio gasté y me morí al poco.
Así, de relajo nos pasaba con los seguros, de vicio lo pagábamos y no moríamos para el disfrute de la viuda.
Bueno, jefe Noé a nuestra edad ya todo lo vivimos, lo gustamos, lo probamos, pero todavía no cantó ese verso de tango que dice: “mi cuerpo enfermo no resiste más…”
Alguien de mi familia dice: puras pendejadas escribís.
La culpa la tuvo aquel agricultor que abría el surco y algo aventaba. Le pregunta su compadre:
¿Qué sembráis, compadre? Le contesta: pendejadas. El primero agrega: con razón no acaban las pendejadas si vos las siembras.
Más bien creo que las pendejadas las siembran los políticos. Usted ¿qué opina?

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