Editorial Péndulo de Chiapas

El presidente Andrés Manuel López Obrador suspendió su gira de fin de semana por los estados de Nayarit y Sinaloa con el fin de atender de manera personal la emergencia causada por las inundaciones y fuertes lluvias a consecuencia del huracán Eta en Tabasco, donde al menos 90 mil personas han visto afectadas sus viviendas por los desbordamientos de ríos.

Al arribar a su entidad natal, el mandatario realizó sobrevuelos por las regiones afectadas y después ofreció una conferencia de prensa en Villahermosa, adonde también acudieron el secretario de la Defensa Nacional, la coordinadora nacional de Protección Civil, el secretario de Marina, el director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, y la directora general de la Comisión Nacional del Agua.

En su comparecencia ante los medios, el presidente López Obrador informó que durante el día amainaron las precipitaciones y se redujo el riesgo de inundación en la capital del estado, al descenderr de un máximo de 2 mil 100 a mil 800 metros cúbicos por segundo el volumen de desfogue de la presa Peñitas.

Además, prometió que el gobierno federal asumirá los costos por las pérdidas materiales tras las inundaciones. López Obrador adelantó que la próxima semana estará listo el plan de dragado y desazolve del río Grijalva, lo cual resolverá el problema de fondo de la falta de infraestructura para contener el caudal hídrico en esta región pantanosa.

Dada la situación que enfrenta el pueblo tabasqueño, es necesario plantear dos consideraciones. Primero, que se trata de una entidad naturalmente propensa a recibir grandes caudales de agua y a experimentar dificultades para conducirlos hacia su destino final –el golfo de México–, pues se trata de un ecosistema pantanoso ubicado a nivel del mar.

En contrapunto a lo anterior, está claro que, en la interacción entre los seres humanos y las fuerzas de la Tierra, los llamados desastres naturales siempre tienen un componente social.
Al respecto, cabe recordar que hace menos de un mes el presidente López Obrador se refirió al incremento en los episodios de inundación catastrófica en Tabasco como un saldo nefasto del manejo de las instalaciones hidroeléctricas bajo una óptica neoliberal, es decir, privilegiando el lucro por encima de cualquier otra consideración, incluida la vida humana.
El vínculo entre la sed de ganancias y los siniestros que anualmente sufren decenas de miles de tabasqueños se encontraría en que durante los sexenios anteriores la CFE mantuvo sus hidroeléctricas trabajando a su mínima capacidad con el propósito de favorecer a los productores privados de energía eléctrica.

De este modo, las presas acumulaban un exceso de agua que se soltaba de golpe cuando las lluvias amenazaban con desbordarlas.
En suma, cabe saludar que el gobierno federal priorice la atención a los damnificados y que, lejos de presentar la crisis como un resultado inevitable del clima, el relieve y la hidrografía de la región, dé a conocer un plan para evitar su repetición en el futuro.
Es de esperarse que el proyecto de manejo ecológico de las presas hidroeléctricas, anunciado el 18 de octubre, esté listo en breve y su puesta en marcha dé paso a una mejor convivencia de los habitantes de la región con su entorno.

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