Quién es Quién/Tila, la sagrada familia del poder /Noé Farrera Morales

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De la herencia maldita que Manuel Velasco Coello deja al gobierno de Rutilio Escandón, los conflictos sociales y la acentuada violencia en los municipios indígenas resultan tan graves que, seguro estoy, el nuevo secretario de gobierno, Brito Mazariegos, ni siquiera dimensiona los altos costos que estos tendrán para la estabilidad o inestabilidad política del estado.
El antecesor, ha dejado un Chiapas hundido no solo en el endeudamiento, sino además, polarizado y confrontado; una bomba de tiempo que el día menos pensado podría estallar.
¿Caso concreto? El municipio de Tila. Enclavado en las altas montañas del norte de Chiapas, con una población predominantemente cho’l, es gobernado desde hace más de diez años por una camarilla de delincuentes encabezados por Limber Gregorio Gutiérrez Gómez, un auténtico dinosaurio del poder, que cumple ya tres mandatos como presiente municipal, turnándose el cargo con su esposa, primos y demás familiares; contralando la auto asignación de obras de infraestructura a través de prestanombres y manteniendo a una jauría de aviadores en nómina, que reciben mejores sueldos que los empleados dedicados a tareas reales dentro del Ayuntamiento.
Limber Gregorio es prueba contundente de los excesos y la impunidad otorgados por Manuel Velasco. No conforme en hurtar miles de millones de pesos provenientes del estado y la federación, se ha encargado de promover de forma sistemática el enfrentamiento entre grupos y comunidades, esto con el fin de justificar la existencia de grupos paramilitares que operan para mantener el control y defender la plaza propiedad de la sagrada familia.
Informes documentados muestran que el municipio de Tila ha pasado de ser un bastión político del Partido Verde, a una jugosa plaza administrada por la delincuencia organizada. Un territorio sin ley, sin cabecera municipal, sin gobierno ni garantías para sus habitantes.
En diciembre de 2015, bajo acuerdo con su primo y en ese entonces alcalde, Edgar Leopoldo Gómez Gutiérrez, financiaron a ejidatarios de lo que fuera la cabecera municipal para generar una cortina de humo, ante el creciente descontento de la población contra el feudo de poder instituido desde hace varios años.
Con este conflicto, los primos Gutiérrez lograron que los ejidatarios expulsaran al Ayuntamiento de lo que fue por años la cabecera municipal, incendiaron archivos, mobiliario y demolieron el edificio de la presidencia. El propósito era mantener el caos para justificar la inexistencia de un gobierno obligado a rendir cuentas sobre el uso del presupuesto público. Comprando a diputados locales, siempre con el apoyo de Eduardo Ramírez Aguilar, establecieron una sede alterna en el ejido El Limar, en los límites con Salto de Agua, remodelaron un parque, pintaron escuelas y simularon obras de gran inversión en caminos de terracería, desviando miles de millones de pesos que hoy se encuentran depositados en lujosas residencias, lotes de autos, ranchos, maquinaria pesada y cuentas bancarias de empresas dedicadas al lavado de dinero.
Desde su curul en el Congreso Local, su esposa, Sandra Luz Cruz Espinosa, se encargó de cabildear los acuerdos necesarios para hacer del presupuesto público de Tila un botín económico del cual muchos obtuvieron atractivos beneficios. Se dice que hasta un ex candidato a la alcaldía de Cintalapa y su hermano, propietarios del Centro para el Desarrollo Integral de México, disponían a sus anchas de ciertas partidas presupuestales y se encargan, hasta la fecha, de triangular los desvíos y mantener en un aparente orden la cuenta pública del municipio.
Lo preocupante es que allá, en la tierra del Cristo Negro, las cosas están mas difíciles que nunca. Una aparente calma impuesta a través de la intimidación y la violencia advierte el riesgo de que en cualquier momento, la bomba pueda estallar y genere un efecto dominó en otros municipios, donde la gente está de igual forma harta de caciques tipo Limber Gutiérrez Gómez.
Es urgente que la Secretaría de Gobierno dirija la mirada a este municipio. Hay mucha tela de dónde cortar y mucha mugre que limpiar. Miles de fojas confirman los expedientes que se quedaron archivados vía sobornos y acuerdos bajo la mesa, y de esto, nadie como el párroco Heriberto Cruz Vera para decir si miento, o estoy en lo cierto.

Quedamos en línea. ¡Hasta mañana!

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