Quién es Quién/Rehabilitación del espacio público/Noé Farrera Morales

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Para nadie es desconocido en ésta ciudad capital el deterioro del ámbito público. Son incontables las denuncias ciudadanas en las que se expresa el estado de indefensión de la población frente a un entorno cada vez más caótico: abusos de autoridad, impunidad, delincuencia criminal, falta de servicios urbanos elementales, pero sobre todo omisión por parte de las autoridades locales respecto a sus obligaciones más fundamentales.
Basta con transitar un día por las calles de Tuxtla o atreverse a caminar la ciudad, para darse cuenta del nivel de descomposición moral, social, económica y política de una sociedad que reclama para sí el derecho humano más elemental: hacer del lugar en el que se decide vivir un sitio cada vez más habitable. Identificarnos con el entorno –el medio natural y el mundo social– en el que vivimos y alcanzar cierto grado de seguridad y justicia para desarrollar nuestras existencias, ha sido un anhelo humano que construye civilizaciones. Sin embargo, en muy pocos lugares de esta capital se puede afirmar que existe una apropiación social o individual de los espacios públicos en los que se desarrolla la vida cívica.
Parques abandonados como el Tuchtlan, calles controladas por la desconfianza y la inseguridad, servicios urbanos de pésima calidad, un río Sabinal que no resistirá la próxima temporada de lluvias, sin contar con la apropiación rapaz de los espacios públicos por parte de individuos o asociaciones para fines privados o comerciales, colocan a nuestra capital como una de las peores ciudades para vivir: en los espacios públicos gobierna el interés económico por encima del político y los ciudadanos estamos indefensos frente a la privatización de la vida social.
Todo esto es agravado aún más por una clase política obcecada por la ambición, el fraude y la inmoralidad. La ecuación es desastrosa: ciudadanos indefensos frente a la voracidad de los poderes corruptores de la civilidad, a los que se añaden políticos cretinos que sólo buscan su propia ambición, nos dará como resultado un mundo social hostil en el que sea imposible crear las condiciones necesarias para la justicia, condición necesaria de todo mundo humano habitable.
Resulta muy peligroso para la vida humana en sociedad que el espacio público –un espacio que es de todos y para todos –se degrade por la falta de respeto a las leyes o a los valores civiles. La mayor parte de nuestras existencias hemos de vernos enfrentados a otros sujetos y comunidades, y es gracias a las disposiciones para actuar, los valores, creencias y sentimientos, que encontramos en ese intercambio que nuestras vidas se enriquecen. Desgraciadamente los encargados de gobernar el destino de la ciudad, han optado por la depravación de la vida ética de la sociedad, enseñando con su ejemplo que se puede ser exitoso en el ámbito público, ignorando o desestimando las condiciones de sus comunidades.
Por otra parte, es justo en el espacio público (cuya defensa corresponde al Estado), en donde se establecen los diálogos y la conversación entre los ciudadanos y sus gobernantes. Es ese dialogo cívico el único capaz de construir acuerdos que nos permitan construir una ciudad en la que nuestras vidas puedan convertirse en una palanca para la justicia y la equidad. Es por eso que, apelando al derecho del ejercicio público de la razón, invitamos respetuosamente a las autoridades municipales de Tuxtla Gutiérrez –encabezadas por el alcalde C. Carlos Orsoe Morales Vázquez – a establecer un diálogo con los ciudadanos, que viven y padecen las condiciones tan adversas en las que se encuentra la capital del estado.

Sugerimos desde este espacio que las autoridades participen activamente de la vida pública –más allá de las fotos para sociales y los eventos donde gastan dinero que no es suyo. Para que este dialogo civil sea fructífero y logre cohesionar los valores que hacen agradable la convivencia en común, consideramos que la autoridad debe fijar una agenda de acciones para el mejoramiento del entorno. Pero, para que esa agenda sea viable y no termine beneficiando a los de siempre, consideramos que es muy importante que los políticos se bajen sus limosinas para visitar las colonias y las delegaciones de Tuxtla, cosa que no han hecho desde hace mucho tiempo.

A riesgo de parecer agorero del desastre, de no tomar la responsabilidad que le corresponde a cada uno de vigilar y proteger el espacio público, la desgracia civil será aún mayor y seremos incapaces de encontrar un refugio duradero en sociedades marcadas por extremas diferencias económicas como la tuxtleca. Como diría un sabio filósofo alemán: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son desgraciados.”

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