Quién es Quién/Que venga Lalo y amarre al tigre/Noé Farrera Morales

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Parece mentira, pero de que los hay, los hay. Políticos formados al vapor del oportunismo y la falta de convicciones, desprovistos de valores y de un brillante cinismo que les permite ir siempre más allá.
Reptan, saltan y vuelven a reptar, según la ocasión amerite.
Y hay alguien, que en esto de reptar y saltar, está demostrando tener una habilidad excepcional, tanto así, que en el Senado de la República, se ha convertido en el principal talachero para sacar adelante las tareas encomendadas por su otrora detestable adversario, ahora presidente de la República.
Sí, está usted en lo cierto, si esto fuera una tribia no habría ni siquiera el mínimo margen de error para atinar. Hablamos de Eduardo Ramírez Aguilar, el mequetrefe que durante seis años ininterrumpidos, se dio a la tarea de carcomer las bases de las instituciones públicas, a base de un marcado ejercicio de corrupción y sometimiento del ejercicio público. Aplicó la ley a su conveniencia y utilizó, todos los recursos del erario para hacerse una campaña electoral que hoy lo tiene como el capataz consentido del líder del Senado, Ricardo Monreal.
Ahora, con las supuestas modificaciones realizadas a la Reforma Educativa de Peña Nieto, Eduardo Ramírez Aguilar se publicita como un leal impulsor de estas acciones, utiliza la imagen de López Obrador y olvidando la feliz relación y complicidad que mantuvo con líderes de la CNTE, durante el fatídico gobierno de Manuel Velasco, echa campanas al viento para celebrar este logro, logro que realmente, significa un retroceso.
Mientras tanto, los enardecidos seguidores de la Coordinadora, hacen sonar los tambores de guerra sabedores de que se trata de una faramalla política, un exceso de la retórica populista y una indigente burla para los maestros mexicanos, para ambos bandos, para los que se oponían y para quienes la apoyaban, en aquellos tiempos de un PRI-AN que se hizo de la mayoría legislativa en San Lázaro y aprobó por la vía del fasc-track, reformas que en Chiapas recibieron el respaldo absoluto, siempre bajo la mano negra de Ramírez Aguilar.
No obstante, esa misma mano negra, maniobró acuerdos bajo el agua con personajes de la misma CNTE como Adelfo Gómez y Pedro Bamaca; en su ambición por llegar a convertirse en el sucesor del Velasco, confabuló complots, financió movilizaciones, empoderó a grupos fácticos, creó compadrazgos; dejando entrever un apoyo “no autorizado” a la causa del magisterio.
Pero Eduardo Ramírez no conoce de lealtades si se trata de asegurar privilegios. Hoy desde el Senado apuñala por la espalda a sus antigüos aliados, se olvida que su papel fue fundamental para alimentar un monstruo sin llenadera que hoy, descabezado, va por todo o nada, también en la defensa de sus privilegios.
¿Qué puede ofrecer ahora Eduardo Ramírez a sus tropas exaliadas? Absolutamente nada más que aceptar la decisión tomada desde el centro de México. Nada de federalismo.
Si ellos soltaron al tigre, ellos vienen y lo amarran.

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