Quién es Quién/PÉNDULO: UN CUARTO DE SIGLO/Noé Farrera Morales

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En medio de un acontecimiento que empaña la libertad de expresión y los derechos políticos de los ciudadanos, Péndulo de Chiapas cumplió 25 años de haber visto su primera luz en el mundo de la prensa escrita.
Dos décadas y medias, cinco lustros, cientos de sueños y batallas que reafirmaron nuestra visión y nuestra convicción: ser un medio de comunicación al servicio de los de abajo, la voz de los sin voz, la campana de los reclamos sociales y las aspiraciones colectivas.
Fuimos testigos fieles del más grande levantamiento indígena de la historia, acudimos al encuentro de los hechos y, desde nuestras propias limitaciones, asimilamos las experiencias del quehacer periodístico. Lloramos el llanto de los oprimidos y escuchamos también la voz imponente de los poderosos. En el camino aprendimos a conocernos y a reconocernos, a transformarnos cotidianamente, a identificar a impostores, usurpadores y bastardos. Creímos en la palabra falsa de quienes enarbolaron la bandera de la esperanza y descubrimos también que la compresión de las acepciones es fundamental en política. Que no se vive de sueños, pero también que los sueños son síntomas de vida, motor de esfuerzo y pasión que arde en las venas que se hicieron tinta, y tocaron las plumas que, al fin y al cabo, ha contribuido a escribir esta nuestra historia.
Péndulo de Chiapas ha alcanzado los 25 años y, escribo estas líneas frente al espejo no del pasado sino del presente. Pocos o muchos, los años han caminado ya por nuestras oficinas y más de uno o una, han compartido la tarea diaria que nos ocupa. Unos vivos, otros muertos, pero todos parte íntegra de mis recuerdos.
Y pensar que todo comenzó como nace un nuevo día. Desde la noche, desde el sereno de las madrugadas y los rayos luminosos de una mañana. Hemos resistido y hemos construido. No, no lo hemos hecho solos, si algo hemos sido es casa, espacio, escuela, primera experiencia, puerto consagrado.
Escribo, insisto, no con la pluma de mi labor sino con la tinta de la conciencia, esa que se impregna en las arterias que nutre el corazón y alimenta a diario nuestras venas.
El periodismo nos ha enseñado a observar mejor nuestra realidad y a sumar esfuerzos con los más necesitados. Hay muchos retos, hemos tenido sobresaltos, pero, ante todo, hemos procurado mantener esa delgada línea que separa a la verdad de la mentira. Hemos apostado por los equilibrios y hemos ponderado la libertad de expresión y pensamiento sobre cualquier otro enfoque.
Siempre y, ante todo, “he dicho lo mío, a tiempo y sonriente”, y esto es lo que me motiva hoy a decir: gracias, muchas gracias a quienes, desde nuestros inicios, compartieron con este servidor el entusiasmo, la quimera, el desvelo. Un cuarto de siglo (deberían de ver mi sonrisa), somos sobrevivientes de los peores gobernantes: fariseos, bastardos e indefinidos. Y aquí estamos. Y seguiremos estando.
Testigos, igualmente fieles de la cuarta transformación nacional, levantamos en lo más elevado nuestra bandera. Una bandera de libertad, de compromiso y de indignación ante hechos lamentables como con el que hemos cerrado la edición de este día: el cobarde asesinato de un ciudadano, de un hombre, de un activista: Sinar Corzo Esquinca.
A 25 años del ayer, escribo y rescribo: “Que la dignidad siempre nos bese en los labios. Que siempre nos bese”.

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