Quién es Quién/Nunca jamás un gobierno así/Noé Farrera Morales

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Faltan tres días para que el (des) gobierno de Manuel Velasco Coello llegue a su fin. Aunque de sobra, se sabe, que un gobierno como tal nunca existió durante estos catastróficos seis años, el periodo para el cual fue electo, está a punto de concluir y con éste, la historia de infamia, cinismo y corrupción recibirá un epitafio lapidado por una sociedad harta de estas prácticas.

Manuel, “el güero”, se va (aplausos y silbidos), pero debe llevar con él toda la responsabilidad de sus acciones como servidor público. Si al exgobernador de Tabasco -lo menciono por ser el ejemplo más cercano- se le sometió al rigor de la justicia luego de culminar su mandato, por delitos menos graves de los cientos que en este sexenio se han cometido, ¿qué es lo que impide que a Velasco Coello se le enjuicie conforme a derecho y hasta las últimas consecuencias?

Pocos se atreven ahora a ofertar respuestas, sobre todo porque el nuevo mandatario federal, tiende a convertirse en un innombrable, al frente de un régimen presidencialista, símbolo de los mejores tiempos del priismo al que derrotó en las urnas.
Entonces, insisto: ¿cuáles son los privilegios de los que goza el senador verde ecologista con licencia, que le permite pavonearse y arribar sin incidentes a su nuevo escaño?
¿Alguien sabe cuál es el estado financiero en que deja a Chiapas? ¿Cuál es en fin que tendrán los resultados de las auditorías practicadas por la Federación y que han puesto en evidencia lo desvíos millonarios cometidos en esta administración?
Aunque parece difícil que ocurra, habría que apostar a la esperanza de un cambio verdadero. Es decir, que si bien es cierto que el gobierno de Manuel Velasco rayó en los excesos, también es cierto que el nuevo gobierno que encabezará Rutilio Escandón, debe escuchar las exigencias de los chiapanecos, desligarse de la cadena de corrupción y sancionar, a quien haya que sancionar, por el estado de desgracia que guarda no solo la entidad, sino todo el aparato de la administración pública; funcionarios de primer y medio nivel, alcaldes y líderes políticos, forman parte de la mafia del poder que “el güero” supo administrar sin menoscabo, y por lo cual, debe rendir cuentas.
Rutilio Escandón debe pues, establecer, delimitar en carácter de su gobierno. Debe, en todos los casos, asumir una actitud congruente con los principios políticos que lo guiaron desde año atrás en su quehacer político. Principios que lo mantuvieron alejado del despilfarro y los nexos con gobiernos desprovistos de honestidad y honradez.
La primera señal de que el gobierno de Rutilio tendrá no solo un nuevo rostro, sino una práctica basada en la justicia, principios y valores de la Cuarta Transformación, será la integración de su gabinete; estructura, vértebra de cada una de las acciones que serán dirigidas a los chiapanecos para asegurar la eficiencia de sus políticas de administración.
Será interesante conocer quienes habrán de ocupar los cargos de secretarios de Estado, y en cada uno de los órganos que hoy, simplemente son parte de un putrefacto esquema de corrupción y complicidad en el que principal posición es ocupada Manuel Velasco Coello.
La era de la Cuarta Transformación deberá ir más allá de los discursos maquillados. Deberá ser parteaguas y, garantizar a los chiapanecos que, jamás, en su historia política, se repetirá la infamia de un gobernador avasallador, como al que ahora con piedras y mentadas, le cantan las golondrinas.

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