Quién es Quién/No se puede hablar de seguridad/Noé Farrera Morales

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No se puede hablar de seguridad sin tocar el tema de los recursos destinados a atender las tareas institucionales. Si lago tengo claro es que el interés de las instituciones debe estar siempre por encima de los caprichos, posturas e incluso de atrocidades que se comenten desde el plano individual.
En los últimos meses y días la violencia se ha manifestado con saña particular. Es un fenómeno que lleva más de una década alcanzando niveles de extrema gravedad. Por ello, resulta ingenuo esperar que se resuelva de un día para otro. Sin embargo, ahora crece más y más cada día. Los medios han dado cuenta del deterioro.
Y en toda la nación, un día sí y otro también, los medios informan de enfrentamientos, ejecuciones y toda suerte de expresiones de lo que podríamos llamar involución civilizatoria. Es decir, nuestra realidad social ha perdido el mínimo sentido de orden y civilidad que requiere para mantenerse cohesionada, vivir en paz y sostener sus libertades más fundamentales.
Lo peor es que los recursos del Estado lucen insuficientes, descoordinados y sin plan, sin enfoque conceptual de trabajo: carentes de capacidad para comenzar a generar los resultados que la sociedad exige y el gobierno necesita si quiere hacer algo por el bien público.
Es una emergencia nacional que requiere una respuesta de gran calado. La necesidad de enfrentarla debería propiciar la más amplia voluntad de cooperación y entendimiento: al interior de la sociedad civil y sus organizaciones, entre los gobiernos federal y estatales, entre los poderes constitucionales de la Unión, y en todos los sectores y grupos que componen el conjunto social nacional.
No es el único problema de México y tampoco el origen de todos los males que nos aquejan, pero es el que provoca más desaliento y sufrimientos inmediatos a muchísimos compatriotas. Por consiguiente, el tratamiento sensato de este problema debería de considerarse como el interés supremo del gobierno y la sociedad.
Es tan importante esta visión que muchos historiadores y sociólogos consideran que la formación de los estados nacionales se vincula a su capacidad para hacer la guerra.
El problema de construir un Estado, un monopolio de la violencia, es que se alimenta a un monstruo que puede volverse en contra de quienes lo han creado, es decir, los propios ciudadanos. Para evitar eso se requieren contrapesos e instituciones que regulen al mismo Estado y den orden a su acción de dar orden. Eso sólo lo puede hacer una sociedad civil fuerte. Discutir cómo hacer esto es la tarea de hoy.
Pregunto: ¿Cómo llevamos esto al terreno de las acciones reales? Sencillo, reconociendo aciertos y desaciertos. Dejar de creer que lo sabemos todo, que somos el gobierno perfecto, que somos los súper funcionarios. Los súper fiscales, los súper secretarios. ¿Cómo se atreven a hablar de cero impunidad, de cero tolerancia, de combate frontal, cuando en las calles los ciudadanos mueren víctimas de las delincuencia común?
El colmo de esto, será que un día no muy lejano, los ciudadanos, los mismos que votaron a favor, terminen por decir que estábamos mejor ayer, que todo esto fue un error

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