Quién es Quién/Nadie toca a los peces gordos de Velasco Coello/Noé Farrera Morales

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La aldea de los juzgadores, la de la grilla barata y contestaria, hace gala del escándalo y se conforma con espectáculo, celebra con bombo y platillo la renuncia de Eduardo Zenteno, ex dirigente del Partido Verde y ciertamente, hombre cercano y leal al ex gobernador Manuel Velasco Coello.
Y claro, no es para menos, la indignación de los ciudadanos es grande pero no puede, ni debe conformarse con chivos expiatorios, porque a fin de cuentas, el caso de Zenteno Núñez, no refleja más que la misma opacidad con la que se han manejado los temas de corrupción y desvíos millonarios en contra del erario del estado: caen los charalitos, los peces gordos gozan de cabal impunidad.
Veo no solo con atención sino con preocupación, como es que los principales operadores del saqueo encabezado por Manuel Velasco Coello y por el bastardo de Juan Sabines Guerrero, no son molestados, sino por el contrario, son premiados con nuevos puestos y privilegios; continúan gozando de sus bienes mal habidos y todo porque los intereses de la política aún sigue estando muy por encima de los intereses legítimos de la sociedad.
No defiendo a Eduardo Zenteno, tampoco descalifico a quienes se congratulan con su actual circunstancia, yo señalo más bien la actitud conformista que muchos de nosotros asumimos en casos como estos, pues sabemos bien que los rockstar como Eduardo Ramírez, Fernando Fercaca o Roberto Rubio, andan por ahí quitados de la pena, complacidos con decisiones que no solo afectan la atención de los chiapanecos, cortinas de humo que perpetúan los agravios cometidos en su contra.
Si Eduardo Zenteno debió renunciar a su curul en el Congreso Local, tras una serie de señalamientos por desvíos millonarios durante su paso en delegación de la Sedesol y como director del Inifech, no veo por qué Eduardo Ramírez no deba renunciar a su nombramiento como Senador de la República, cuando los delitos que se le imputan son iguales o peores de graves de los que se le acusa a su ex correligionario. ¿A dónde irán a parar las acusaciones por abuso de autoridad, desvío de recursos de los ayuntamientos, tráfico de armas para grupos de choque y malversación de recursos públicos con fines electorales?
¿Será que en el caso de Eduardo Ramírez, la señal de la justicia no pasará porque ahora goza de la protección de Ricardo Monreal, o será este último quien goza de las bendiciones de un jaguar renegrido por la corrupción, pero hinchado en billetes provenientes de la selva de Chiapas, con los que ahora opera para los intereses de Morena?
En esta jauría también se agrupa Roberto Rubio, el ex policía judicial que llegó a controlar los negocios de la educación, amasando su propia fortuna con un sueldo que ni en sueños le habría alcanzado para comprar ranchos, mansiones, autos de lujo y hasta un grupo de música de banda.
Es el colmo del cinismo, sin olvidar que a este mismo exfuncionario de Manuel Velasco, se le vincula con grupos delictivos como el Mocri, cuyas invasiones proliferaron a lo largo y ancho del territorio estatal. Al Mocri y a sus líderes, se les ha aplicado la ley, pero a sus verdaderos cabecillas no, esos que desde el poder les bridaron protección y obtuvieron beneficios con los despojos cometidos contra particulares.
¿Y Fernando Castellanos?
Fercaca, el muñeco parlante de Manuel Velasco, el más beneficiado por el manto de la impunidad, a ese no se le toca ni con el pétalo de una rosa, a ese, hasta los más obsesionados defensores de la Cuarta Transformación lo han vuelto un innombrable, y todo para no poner en riesgo sus privilegios.
Sino, pregúntele, ¿a quién cree? Sí, acertó, al ‘the walking dead’, de Carlos Morales Vázquez, el parco, el ‘dé ha muertito’. El zombi.

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