Quién es Quién/Los tiempos políticos recientes/Noé Farrera Morales

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Los tiempos políticos recientes, de cambios esperados o no, han dado lugar a una serie de esperanzas en la misma medida que incertidumbres sobre algunos aspectos estructurales de los asuntos públicos. La promesa de desarrollo económico, basado en un keynesianismo productor de riqueza mediante una regulación austera del mercado, genera la incertidumbre de apostar por el fracaso de una economía planificada. De igual forma, la promesa de convertir a la educación pública en el factor clave para una sociedad libre, se topa con la incertidumbre de un bloqueo magistral sobre los edificios usados por la Legislatura. La promesa de acabar con toda la clase de privilegios sobre los que se ha montado el sistema (muy parecido al de las castas), palidece ante los índices actuales de desarrollo humano de nuestra entidad.
Pero, entre las múltiples promesas de cambio y sus incertidumbres correspondientes, la esperanza de revertir la obscena marginación respecto a la creación u obtención de bienes culturales, es una de las que más apremian. Se podrá objetar que garantizar el acceso a los denominados bienes culturales o artísticos, no es una obligación propia del Estado, no obstante ser una de las necesidades elementales de los seres humanos. Me explico. La obras de arte o los bienes que gozamos gracias a la convivencia civilizada, son elementos públicos cuyo cultivo no debería depender del Estado o ser patrocinado por un gobierno. Pero esto no debe ser así; en México se esto no ha sido así. El asunto es: ¿Deben las artes y la cultura ser promovidas, patrocinadas y cultivadas por los gobiernos?
El desmesurado escritor Austríaco Thomas Bernhard gritaba en sus entrevistas: “¡Nada de patrocinios al arte! La lógica debe ser: devoras o mueres.”. Más allá de las expresión de este artista que ha cambiado la vida de más de un ser humano con sus creaciones, nadie duda de que Austria dista mucho de ser México. Nuestros gobernantes han optado por cambiar la política pública en materia de Artes y Cultura. La Secretaria de Cultura, el Fondo de Cultura Económica, INBA, y sobre todo el FONCA y los apoyos a los creadores por parte del Sistema Nacional de Creadores, existen para crear mediaciones entre aquellos que buscan acceder al disfrute y goce de esta clase de bienes.
El anuncio de una revisión a los lineamientos de ingreso y promoción de becas a la creación artística, ha generado cierta expectativa e incertidumbre. Sabemos de la corrupción generalizada en todos los ámbitos de la vida pública, y el arte y la cultura de México no está exento de esto. Desvíos de recursos o despilfarro de bienes destinado a mantener a “creadores” o “artistas”, cuya obra en nada beneficia o disfruta los ciudadanos que pagaron sus becas. Eso debe cambiar, es cierto. No obstante, la incertidumbre corre en dirección contraria: ¿No hará la política cultural del arte y los bienes intangibles un medio de propaganda? ¿La creatividad artística o cultural tendrá que pasar por el filtro político del gobierno en turno?
La Cuarta Transformación ha puesto sobre la mesa la necesidad de mejorar la vida pública de México. Un elemento indispensable para ese mejoramiento es el cultivo, promoción y difusión del arte y la cultura, que embellece la existencia y transforma vidas de quienes se apresuran por disfrutar de los bienes humanos. Esperamos que los cambios anunciados sobre política cultural no esclavicen a los artistas y promotores culturales a intereses económicos o políticos. De la libertad en la creación o expresión del espíritu humano, depende el grado de libertad que alcance quien disfrute de esta clase de bienes inmateriales. Eso es justo lo único que debe vigilar el Estado.

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