Inoperancia de Zepeda Soto

Noé Farrera Morales

Hablar de Seguridad Pública en México es un tema complicado. De entrada, pienso, porque nos obliga a realizar un análisis de la persona que tiene en sus manos las riendas de este rubro.

Cualquier Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, en cualquier entidad geográfica de la República mexicana, como exige el nombre en sí, debe estar dirigida por un(a) profesional y no es espacio para improvisados o compadrazgos.

Menos aún para quienes gusten solamente de la foto y de la promoción mediática, o para discursos donde no se cansan de señalar que “todo está bien”, aunque los ciudadanos de a pie tengamos una percepción totalmente diferente.

La mano de quien dirige una Secretaría de Seguridad Pública debe ser firme. Lo sabemos bien. Lo blandengue ha dado paso seguro a la delincuencia y, por ende, al incremento de la inseguridad. Y esto lo sabe bien la comisaria Gabriela del Socorro Zepeda Soto, una mujer cuyo espaldarazo y confianza fueron otorgados por el otrora fiscal y ahora diputado, y cuyo puesto le ha quedado bastante, pero bastante, grande.

Da pena señalarlo, pero es así. ¿Que la comisaria tiene formación y conocimiento de la Administración Pública? No lo sé y tampoco lo dudo. Pero administrar y tener un rango académico no son garantía de eficiencia y eficacia. Tan simple como eso.

Basta ver el incremento en asaltos a cuentahabientes, los robos a casa habitación, las extorsiones de los mismos policías, los embolsados y un largo etcétera, que nos hace comprender que a Zepeda Soto le sobra academia, pero le falta el meticuloso planeamiento y, sobre todo, el entendimiento de que la policía a su mando debería hacer cumplir las reglas para que exista una sana convivencia con el pueblo; asimismo que debería, como eje fundamental, abonar a la formación técnica y ética de sus elementos.

Sería de suma importancia que la Comisaria entienda que más allá del discurso y de lo que reporta a sus superiores, más allá de los boletines que se publican en los diferentes medios de comunicación o las fotos en las que sale, está la realidad que nos golpea de frente.

A esa no se le miente. En ella encajan para Chiapas el aumento del crimen organizado, el paramilitarismo que se encumbra como un severo dolor de muelas para todos y, sobre todo, una paz tan frágil que, pese a estar en un rango bajo, según las encuestas, prende un foco rojo para el Estado y podría subir de nivel en los años venideros.

Debería entender, también, que los elementos de Seguridad Pública tienen como responsabilidad primera el velar por la seguridad física de las personas y sus bienes, por tanto, una Secretaría como la que “dirige” debe de trabajar en torno a la Prevención del delito.

No necesita Chiapas un Fiscal de Hierro o un funcionario déspota, ojo con esto, sino un(a) profesional que comprenda que la política de acción para la seguridad es pre-ve-nir. Esa es la función principal y preponderante, la que en estos tiempos urge y la que la entidad requiere.

Pero ella como funcionaria no lo sabe, o bien, no entiende cómo llevarla a cabo. Y por supuesto que se necesita continuar con las líneas de investigación de los delitos y crímenes para contrarrestar la inseguridad, pero esto tampoco se está haciendo y se apuesta a golpes de buena suerte y eso es lamentable.

De nada sirve hablar del conocimiento de la ley, de garantías individuales, de coordinación con funcionarios judiciales o del trabajo para la dotación de equipamiento para optimizar los servicios. De nada sirve gastar miles de pesos en la prensa cuando no existe una adecuada relación entre los ciudadanos y la policía, o entre los elementos de la policía y los vecinos, y lo que se difunde es una realidad ineficiente a causa de su falta de tacto.

Al contrario, ella sabe que impera y crece, como una enredadera, la desconfianza hacia sus elementos, sobre todo luego que de los mismos policías de seguridad están coludidos en la extorsión y los asaltos, en los robos, y en esa forma tan anquilosada y rancia que se juzgaron de los sexenios anteriores.

Y eso sí ella lo sabe bien, pero nada cambia. Y aquí uno se pregunta si es porque no tiene el control de la SSyPC, o bien, porque la mochada que le llega es suficiente para guardar silencio.

Celebro, y lo digo con respeto, el trabajo del gobernador y su visión humanista, así como las instrucciones que llegan desde las Mesas de Seguridad para que la Comisaria las aplique, pero éstas no están aterrizando. No están cumpliéndose a cabalidad.

Algo pasa ahí, porque según algunos elementos de la propia Secretaría, Zepeda Soto no acaba de entender que por ahora es la Comisaria y que sus aspiraciones políticas quedan en segundo plano. No nos interesan pues sus sueños de ser diputada el sexenio que viene. A nosotros nos ocupa que la seguridad sí mejore.

Lo complicado de este asunto es que mientras ella solo siga construyendo su imagen para el futuro, seguirá desentendiéndose del presente y los chiapanecos seguiremos pagando el precio de su ineptitud.

ANCLAJE

¿No les parece, queridos lectores, que esta Legislatura del Congreso local tiene más diputados grises que las anteriores? Ya iremos señalando el mediocre trabajo y la estulticia de muchos que son sólo levanta dedos y que representan un gasto ante su incapacidad para legislar. Pocos son aquellos que valen la pena y que están trabajando. Ya les contaré. Nos leemos mañana.

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