Quién es Quién/Detener las tragedias /Noé Farrera Morales

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Entre tantas noticias que dan cuenta de la violencia acreciente en el país, uno llega a naturalizar lo sucesos cotidianos que terminan en hechos lamentables.
De pronto vas en tu automóvil y un rechinido de llantas pone el alerta tus sentidos. El cuerpo se estremece y el corazón se agüita. Estuviste a punto de sufrir un percance. El calor es insoportable, las altas temperaturas nos vuelven aún más explosivos, coléricos, enfermos. Hay padecimiento asociado con el estrés social y esto es casi inevitable.
Me pregunto, ¿por qué tantos accidentes? ¿Por qué tanta muertes asociadas a este tipo de eventos, tanto así que se ubican en una de las principales causas de muerte en el mundo y en el país?
Reviso algunos datos y encuentro, que de las causas externas de muerte, que se originan de una lesión provocada por factores ajenos a la salud de una persona, los accidentes son la principal causa externa de muerte de los mexicanos, el segundo motivo son los homicidios y el tercero el suicidio, de acuerdo con el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y los registros de las oficialías del Registro Civil, los Servicios Médicos Forenses y las Agencias del Ministerio Público. Entre las cifras, los jóvenes de 15 a 34 años fueron las principales víctimas de muerte registrada a causa de accidentes de tránsito.
¡Vaya tragedia! Somos una sociedad marcada por una irresponsabilidad injustificable. Unos torpes al volante, personas que no nos detenemos a pensar en las consecuencias que pueden desencadenar a raíz de un accidente automovilístico. Poca educación, poca cultura, poca civilidad.
¿Qué nos hace falta? Solamente un poco de inteligencia, sabiduría, prudencia. No hace falta valorar la vida, dimensionar el grado exacto de nuestros actos y apostarle a una cultura de respeto, una cultura que debe partir, necesariamente, por reconocer la necesidad de reglamentos más estrictos en materia vial. No podemos seguir poniendo maquinas en manos de gente irresponsable, sino más bien, habría que hacer una minuciosa revisión de los programas de educación vial que existen en el estado, por no hablar del país en general.
Y es que realmente necesitamos cambiar esta realidad, es inaceptable. Conducir un vehículo no es cualquier cosa, llevamos un arma mortal bajo nuestro control, y muchas personas hacen gala de su estupidez manejando a altas velocidades incluso en lugares donde no está permitido, se gritan, se agreden, y ponen en peligro no solo sus vida, sino la vida de otras personas.
Y aquí es donde viene la parte más incómoda para los funcionarios de piel sensible. ¿Qué estarán haciendo para cambiar esta realidad?
¿Cómo se está abordando este problema que es un tema de salud pública y en el cual debe involucrase más de una dependencia?
Para empezar, debería definirse con claridad qué dependencia es la primera responsable y la encargada de impulsar y coordinar programas y políticas públicas en materia de cultura vial y prevención.
Segundo, ¿qué están haciendo los maestros? ¿Qué papel están jugando los actores educativos encargados de la formación de las nuevas generaciones?
¿Qué hacen las dependencias encargadas de tránsito y vialidad? Por lo menos, deberían de saber, que su función, no se limita a quitar placas y llenar infracciones.
Se tenía que decir, ¡y se dijo!

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