Quién es Quién/Cuando la violencia nos atrapó/Noé Farrera Morales

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No es fácil aceptar vivir en un estado donde la violencia se convierta en el pan de cada día. Si algo queremos y anhelamos los ciudadanos de bien, es poder gozar de la paz y la tranquilidad para nuestras familias. Seguridad, garantías claras de que nada ni nadie podrá estar por encima de nuestro derecho a la propiedad y a la vida.
No obstante, cuando descubrimos que esa tranquilidad comienza a esfumarse de nuestras manos y en cambio, nos queda sólo la resignación de una nueva realidad, muy distinta a la que veníamos estado acostumbrados, entonces anhelamos ese pasado que nos dejó un mejor sabor de boca.
Me refiero, categóricamente, al Chiapas que por muchos años fue ejemplo de paz y tranquilidad, una paz quizá disfrazada pues en el fondo, la pobreza y la marginación no pueden asegurar una vida justa para unos cuantos, empero, aun así, podíamos caminar tranquilamente nuestras calles y tener la certeza de que nuestras familias no corrían peligros mayores al andar fuera de casa.
Hoy las noticias violentas, la nota roja, parecen ganar espacio no sólo en los medios de comunicación sino en la cotidianidad de nuestras vidas.
Desde el 2017, Organizaciones civiles que monitorean el Índice de Seguridad revelaron que se incrementó el número de delitos de alto impacto en la entidad, principalmente el robo a negocios y robo de vehículo.
Lo anterior no sólo ponía de relieve el alarmante estado de inseguridad en el país, sino que invitaba desde entonces con urgencia a generar esfuerzos provenientes de todos los sectores sociales para revertir esta situación, que de manera transversal afecta a todas y todos los mexicanos.
En el caso concreto de Chiapas, el número de homicidios dolosos se incrementaba 15.60% respecto del mismo periodo de 2016, mientras que la tasa de violación sexual en los 10 municipios más grandes de Chiapas es de 4.90 registros de violación por cada 100 mil habitantes, tasa 13.60% mayor a los 4.32 registros por cada 100 mil habitantes registrados en 2016.
En el caso particular de Tuxtla Gutiérrez, la ciudad presenta incrementos en sus tasas en seis de los diez delitos analizados: secuestro, extorsión, robo de vehículos, robo a casa habitación, robo a negocio y violación sexual.
Las cifras presentadas por las organizaciones civiles, mostraban la necesidad de implementar estrategias de seguridad pública, así como realizar un análisis profundo que permitiera entender las causas estructurales de la inseguridad en el estado y combatirlas.
Sin embargo, teniendo de gobernador a un político cínico e inoperante, así como a un fiscal coludido con la mafia, nada de esto se aplicó y, por el contrario, se dejó crecer este fenómeno que hoy parece extenderse por todos los municipios del estado.
Hablamos de delincuencia, de inseguridad y de crímenes que nos alejan de lo que antes fuimos. Condiciones que promueven el abuso el uso desmedido de la violencia e incluso de abuso de poder. Verdaderamente es preocupante. Necesitamos rescatar la tranquilidad para los ciudadanos, ir más allá de fotos en la prensa en las que se presume que la seguridad de los chiapanecos es una prioridad, pero los delitos siguen engrosando las estadísticas a diario.
Desafortunadamente, esta es la realidad. Vale la pena mirar hacia dentro, antes de presumir hacia afuera, lo que no estamos siendo capaces de dar.

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