Quién es Quién/Belisario Domínguez, libertad y palabra/Noé Farrera Morales

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Con la entrega de la medalla Belisario Domínguez, se rinde homenaje al legado de un chiapaneco ejemplar, que fue capaz y tuvo el valor de enfrentar a un gobierno tirano, desde el uso de la palabra y de la razón, en momentos cruciales para el país y para su historia.
Dice el maestro Gabriel Velázquez Toledo, que don Belisario Domínguez es uno de esos personajes que siendo tan excepcional, desafortunadamente se conoce por una sola de sus acciones, la cual por cierto equivale a mil de cualquier otro político bien intencionado que intente mantener una conducta moral adecuada a nuestros tiempos, y esta fue el enfrentar al asesino y usurpador del poder Victoriano Huerta mediante sus valientes discursos en el senado, lo que le valió pagar con su propia vida tal osadía.
“Sin embargo, todo comenzó desde otra trinchera, aquella que le hacía profesar que el hombre era libre solo cuando podía expresar lo que pensaba sin el temor de ser reprimido o amedrentado. Su lucha por la libertad de expresión inició desde muy joven, esfuerzo que consolidó en su periódico El Vate, la muestra de que un solo hombre sí puede marcar la diferencia, más aún cuando es la pureza de sus ideales la que habla por sí mismo, cual reflejo de sus acciones.”
Fue un hombre libre en toda la extensión de la palabra. Tuvo muy en claro que el valor cívico llama a encarar las más graves atrocidades:
“La verdad es esta –escribió en el discurso-. Durante el gobierno de don Victoriano Huerta no solamente no se ha hecho nada en bien de la pacificación del país; sino que la situación actual de la República es infinitamente peor que antes: la revolución se ha extendido en casi todos los Estados; muchas naciones, antes buenas amigas de México, rehúsense a reconocer su gobierno por ilegal, nuestra moneda encuentrase depreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa entera de la república amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y por último el hambre y la miseria en todas su formas amenazan extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada Patria”.
“¿A quién pretende engañar Huerta?”, se preguntaba, luego de escuchar su informe de gobierno del 16 de septiembre; “se pretende engañar a la nación mexicana”. A su juicio, Huerta era la representación de lo más abyecto de la política: había asesinado a Madero a quien “juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantable”; estaba “manchado con el estigma de la traición”, era un “soldado sanguinario y feroz que asesina sin vacilación ni escrúpulo”.
Para Belisario Domínguez sólo había una opción: “Sin embargo, señores, un supremo esfuerzo puede salvarlo todo. Cumpla con su deber la representación nacional y la patria está salvada y volverá a florecer más grande más unida y más hermosa que nunca. La representación nacional debe deponer de la presidencia de la República a don Victoriano Huerta”.
“El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano, y la patria espera que la honraréis ante el mundo evitándole la vergüenza de tener por Primer Mandatario a un traidor y asesino”.
Citar estas palabras, en momentos como el que vivimos, es reivindicar su legado más allá de todo lo que pueda significar su reconocimiento. A este legado estamos obligados a respetar y honrar, este es el legado de un gran hombre, de un gran mexicano, de un gran chiapaneco.

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