Quién es Quién/Algunas dudas sobre la Reforma Educativa /Noé Farrera Morales

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a avalancha informativa sobre el estado de la educación nacional y local, en todos sus niveles, denota una grave crisis sistémica de consecuencias desastrosas. Partiendo de la simple idea de que la educación formal e institucionalizada cumple con el objetivo de establecer relaciones de socialización basadas en el fomento, cultivo, producción y reproducción de los valores y bienes necesarios para el desarrollo del individuo en sociedad, es alarmante constatar la desgracia social que ya mismo estamos padeciendo.
Además de la función socializadora y niveladora de la educación, esta debería funcionar como un instrumento emancipatorio, capaz de formar sujetos críticos que sean capaces de tomar el destino de sus vidas en sus propias manos. No obstante, los índices internacionales cada año nos colocan en los últimos lugares en el desempeño escolar. De este modo, la esperanza de que la educación sea constructora de valores duraderos, así como de ámbitos simbólicos y críticos que potencien el desarrollo de la personalidad, al tiempo que fomente la convivencia pacífica, subyace a la pura lógica mercantilista –que ha imperado en los últimos modelos educativos recientemente adoptados por las autoridades educativas.
Evidencia hay de sobra para afirmar que los modelos educativos basados solamente en la productividad y en la socialización mediada por el mercado han fracasado rotundamente: niños pésimamente educados, pero sumamente mediatizados e informatizados. Obreros altamente especializados incapaces de razonamiento moral. Se ha optado por una visión técnico-productivista de la educación en aras de aumentar la competitiva global de la mano de obra especializada de nuestro país, como resultado hemos obtenido un crecimiento económico mediocre y un empobrecimiento de la cultura civil de los ciudadanos. Baste señalar el triste caso de nuestro estado, Chiapas, en el que se calcula un atraso educativo de al menos diez años respecto a otras entidades de la federación.
En estos tiempos de la Cuarta Transformación, se han dado algunos signos de que las cosas cambiarán en materia educativa. Los anuncios por parte de funcionarios federales sobre la cancelación de la Reforma Educativa promovida por el Pacto por México, al ser denunciada como una reforma laboral oculta, han traído la esperanza de que las condiciones de todos los actores involucrados en el proceso educativo se mejorarán. Se busca acabar con la degradación civil que ha venido siendo el sistema educativo oficial.
A pesar de ello, los ciudadanos no dejamos de tener sinsabores o motivos para ser descreídos. Las recientes manifestaciones del poder social y político que han acumulado algunas secciones del magisterio, tanto en nuestra capital como en estados con alta marginación educativa, no ofrecen una lectura alentadora sobre el conflicto que heredó la administración peñista entre el Magisterio y el Estado. Tenemos señales confusas: los funcionarios prometen solución a las demandas magisteriales, mientras que los sectores disidentes del magisterio aumentan su presencia en el conflicto social en el que se ha convertido la educación de los mexicanos.
Desde este espacio observamos con atención la cancelación oficial de la Reforma educativa peñista, al tiempo que seguimos la construcción de un proyecto educativo nacional que integre las demandas de maestros, estudiantes, padres de familia y la sociedad. Entendemos que el conflicto social surgido por las condiciones laborales de los maestros es un asunto fundamental en el camino de la composición de la instrucción formal. Sin embargo, ese conflicto social es consecuencia y no causa de la tragedia de un empobrecimiento de la vida civil originado en la indefensión en la que se encuentra la sociedad civil. ¿Tendrá el gobierno de Andrés Manuel López Obrador un diagnóstico claro de la educación nacional? ¿Cuáles serán las estrategias para lograr acuerdos constructivos con el Magisterio?
Mientras, nos gustaría hacer un par de preguntas. ¿Cuánto tiempo tardaremos en reponernos de la catástrofe educativa en la que nos encontramos? ¿Qué tipo de educación merecemos como ciudadanos mexicanos?

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