QUE MÁS PUÉ…/Carlos Rafael Coutiño Camacho/Chiapa de Corzo, su esencia.

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Hablar de la fiesta de Chiapa de Corzo, es hablar de la grandeza de un pueblo, de la riqueza cultural, pero también el aceptar que hay cambios que permiten el mantener vivas esas tradiciones, aunque afecte la raíz de esas tradiciones ancestrales, que han pasado de una adoración ancestral, a una veneración católica.
No se puede negar, que es una herencia cultural que se va de por lo menos unos 400 años, esto, basado en documentos, aunque data de mucho tiempo atrás; Chiapa de Corzo, es más que un pueblo católico, un pueblo bullanguero, es un pueblo de raíces fuertes, a pesar de los pesares.
En el pueblo, lo que respecta al centro, se puede hablar de un 45 por ciento aún propio, el resto, son personas que llegaron a de otros municipios, incluso de otras entidades y un porcentaje mínimo quizá del 1 por ciento, son de otras naciones, entre ellas de Estados Unidos, Cubanos, la gran mayoría centroamericanos.
Esto no ayuda a la conservación de las tradiciones, por el contrario, lo opaca, puesto que no ofrece una realidad ni contextualiza el origen de esta fiesta ahora denominada como tal, de los habitantes de Chiapa, el pueblo indio, el que habló su propia lengua materna, el que sabe y conoce realidad de su tierra.
La necesidad, ha hecho que tenga varias colonias de la etnia Tzotzil, la mayoría de San Juan Chamula y Zinacantán, de otros municipios que han tenido que por necesidad huir de sus tierras, como Bochil, por la presencia de grupos armados, porque además los dirigentes de grupos sociales, ayudaron a promover invaciones.
Hay un grupo en especial, como el caso de Nuevo Carmen Tonapack, que son sobrevivientes de la erupción del volcán Chichonal, ellos son zoques pero conservan y no irrumpen con las tradiciones del pueblo que les cobija desde aquel 1982, cuando ocurrió el suceso por demás lamentable.
La fiesta de Chiapa de Corzo, es sin duda, la mejor representación de lo que es la comunión entre lo autóctono y el hombre blanco, cada una de las representaciones hechas en la fiesta, no está en el común denominador de los juegos mecánicos, las vendimias, las cenadurías, bares y cantinas, o teatro del pueblo.
La verdadera fiesta, está en los barrios, en la gente misma que ha hecho que esto crezca, aunque ofrece algunas cosas distintas a la real, se va engrandeciendo, con el sentimiento, como ha sido en algunos ciudadanos, no es la ofensa del homosexualismo a una de las tradiciones, no es el colocar el mote de borrachos, es en realidad, el vivificar lo que se tiene todo el mes de enero.
Hay que hacer referencia, que la fiesta inicia como tal en 1900, doña Camerina y luego los Cameras, son quienes han hecho realidad los carros alegóricos, los Barrientos en su momento el combate naval, qué decir de los patrones de los Parachicos y de las chuntás, de la magia de la feligresía con las enramas, y los anuncios, sumado a los rompimientos y misas, rezos y felicitaciones.
Poco se habla, pero está la vaquita, una tradición que llegó para quedarse, en fin, todo ha tenido un colorido especial, que hace que Chiapa y su fiesta, se convierta en algo muy particular y al mismo tiempo de todo Chiapas, aunque no de todos ni de todo.
Solo en la cabecera municipal, hay quienes deciden no salir, les fastidia, les molesta el saber que viene enero, su razón de ser desde luego existe, también es cierto, que no todo el pueblo participa, aunque así se exprese en los medios de comunicación de manera errónea.
Para muchos, el número de Parachicos alcanza los 6 mil, sin embargo no hay tal, quizá dos mil y es mucho; pero aun así, el número es importante y con ello calificar que es la única tradición que tiene tanta participación en un solo grupo, para no comparar con la Gelaguetza, que son varios días, pero no son en un solo bloque.
En la siguiente columna, estaremos hablando de cada una de los componentes, de cómo el Parachico no es de María de Angulo y que nunca se supo cómo se llamó su hijo, del porque llegó a un lugar que no es concretamente Chiapa de Corzo, y del porque el nombre de acuerdo a los historiadores.
El sincretismo es lo más importante, porque esa fusión ha hecho que muchos rituales se hayan convertido en una tradición, en un pueblo que fue colonizado poco a poco, pero que al final aceptó ser cristiano, por una sola razón; los frailes fueron capaces de imantar la mente de los indígenas con todo lo que ellos sabían.
Incluso, hoy mismo podemos decir que muchos pastores y seguidores del protestantismo, participan como Parachicos, aunque no digan vivas a los santos, ni trasladen imágenes, pero si ahí están con el atuendo y también venden la vestimenta, lo que prueba que esto es de corazón, más allá de una religiosidad.
Para muchos, la fiesta es de San Sebastián, aunque no es tal, porque se pasa por la fiesta del Niño de Atocha, Esquipulas, San Antonio Abad, Santo Tomás de Aquino y el propio mártir Sebastián, que dicho sea de paso, todos fueron llevados por los dominicos y todos fueron parte de una férrea adoración al mismo Dios.
Lo lamentable, es que se ha confundido la veneración a las imágenes, como la propuesta de los brujos de aquel entonces, es decir, la veneración es para reconocer lo que fueron en vida los ahora santos, y hoy se llega con la idea de que los hijos puedan tener pareja, que les vaya bien en el amor, otros más, que les de dinero, trabajo y si es necesario un puesto en el gobierno.

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