Para los enemigos… el peso de la ley/Noé Farrera Morales/Quién es Quién

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La pregunta es directa: ¿cuál es el vínculo, hilo rojo o interés que une a Andrés Manuel López Obrador con Manuel Velasco Coello?
La primera hipótesis, en el mejor de casos, sería que el presidente de la república, desde su estatus de candidato, comprende las formas de la política y asimila, que para la reconstrucción del tejido social, es necesaria la renegociación con las diferentes fuerzas políticas, incluso con aquellas que enfrentan el repudio popular y que fueron factores decisivos en el hartazgo ciudadano.
En el mejor de los casos, el único vínculo que uniría a López Obrador con el exgobernador de Chiapas, sería la inteligente decisión de mantener al enemigo cerca, nada más.
Sin embargo, en el ideario colectivo, en el lugar de la conciencia histórica y de la memoria de masas, está feliz relación no goza de buena aprobación sino por el contrario, abre paso a crecientes cuestionamientos, duros, certeros y lo peor, asertivos, en cuanto a la protección institucional de la que goza el ex gobernador de Chiapas, a sabiendas que su administración, es equiparable en irregularidades a la de personajes de la talla de Javier Duarte de Veracruz o Andrés Granier de Tabasco.
Velasco Coello es la encarnación del monstruo de la corrupción y la impunidad, la metamorfosis de la política que asegura su sobrevivencia en magistral interpretación a la teoría de Carlos Darwin, capaz de transformarse y adaptarse a las nuevas formas de la vida nacional y salir ileso de los embates de un pueblo que dilapida su nombre y exige, hacia su persona, todo el peso de la ley.
Ese monstruo se asoma con burla y cinismo cada vez que los chiapanecos intentan evidenciar sus agravios. Sabe que a sus espaldas, todo un ejército de senadores, diputados, funcionarios de primer nivel, líderes de partidos y personalidades de la farándula lo acogen, recogen sus fobias y lo abrazan cual escena helénica.
Pero a ras de piso, en el terreno de la gente, de los que se saben ofendidos, las dudas respecto hacia un combate real a la corrupción toma fuerza y se afianza, en el repudio social.
Muchos sabemos de la famosa frase de don Benito Juárez García: “Para los amigos, el honor y la honra, para los enemigos, el peso de la ley”, y ahora, si bien es cierto que el legado del Benemérito de las Américas es grande, no debe aplicar en los nuevos de este país que cree, espera y exige una transformación real.
Los delitos cometidos por Velasco Coello ya son tema en boca de analistas nacionales e internacionales. Chiapas, un estado rico en recursos naturales, con altos niveles de marginación y pobreza, protagonista de la más grande rebelión indígena de la historia; no puede ni debe pasar desapercibido ante la opinión pública.
Durante su gobierno, solo para agregar una mancha más al tigre, fueron sustraídos ilegalmente miles de medicamentos del sector salud y embodegados por gente supeditada a sus más cercanos colaboradores. Además, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) tiene observados distintos rubros de la administración del ex verdecologista, el mismo que en 2015, intentó someter por la vía del soborno y la coacción a los fiscales federales que buscaban garantizar unas elecciones libres de la intromisión gubernamental y de recursos de procedencia ilícita.
En ese año, Chiapas fue testigo de una de las elecciones más turbias de su historia, operadas, casualmente, por el hoy senador de Morena y ex secretario general de Gobierno, Eduardo Ramírez Aguilar.
Pero desde ese entonces, como hoy, los amigos gozan del honor y la honra, por encima de la legalidad.

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