¡NOS EQUIVOCAMOS OTRA VEZ!

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Las ocurrencias del alcalde de Tuxtla Gutiérrez, son realmente increíbles. Una tras otra, Carlos Morales Vázquez, ha hecho de estas un estilo de gobernar y de hacer leña del árbol caído.

En el camino, se le ha caído también la máscara, esa equívoca imagen que por mucho tiempo se tuvo de él, al grado de creer en la posibilidad de una mejor ciudad bajo su dirección.

 

¡Nos equivocamos otra vez!

 

El voto de confianza que los tuxtlecos otorgaron el 1 de julio del año pasado, fue por un cambio real en la administración municipal y las políticas del Ayuntamiento. Buscaron, en esta decisión, terminar con los círculos de la corrupción, la simulación y la inoperancia.

 

Durante los últimos gobiernos municipales, los tuxtlecos fuimos testigos de una serie de atropellos cometidos en contra de la ciudad. Desde el saqueo del dinero público, hasta el manejo discrecional de sueldos y prestaciones, pasando por el abuso de la retórica publicitaria y el cobijo de la impunidad, misma que sobre cualquier diferencia de partidos, fue la estafeta mejor cuidada por los fariseos del poder.

 

Fue este sistema de simulación el que abrió paso al hartazgo ciudadano. Fue este rechazo a la corrupción de los políticos el que canalizó un voto multitudinario a favor de un cambio, de una verdadera transformación.

 

No obstante, Carlos Morales Vázquez no es el Presidente Municipal que escribirá la nueva historia de Tuxtla.

 

Sabemos que no lo será, cuando observamos un aumento alarmante de la delincuencia. Robos y asaltos al alza, homicidios, secuestros, violencia de todo tipo.

 

Las invasiones de tierras continúan proliferando por las periferias de la ciudad, un crecimiento desordenado que pone en jaque la viabilidad del desarrollo e impacta negativamente en los equilibrios ecológicos. La incapacidad para hacer frente a este delito es el reflejo de la inoperancia de Morales Vázquez, de su raquitito ejercicio de gobierno.

 

El deterioro de la ciudad avanza mientras las acciones del gobierno son mínimas para contrarrestarla. Calles intransitables, colonias a oscuras, servicios públicos de pésima calidad y con cobros elevados, como el suministro de agua potable.

 

La estructura de corrupción permanece intacta, hasta la fecha no hay un solo proceso administrativo –ya no digamos penal- en contra de exfuncionarios del Ayuntamiento, comenzando por el Luis Fernando Castellanos Cal y Mayor, Samuel Toledo y Yassir Vázquez.

 

Con ocurrencias como las renegociaciones con Proactiva, Carlos Morales Vázquez pretende mantener entretenidos a los tuxtlecos, no obstante, hasta el Mocri le pone el ejemplo pavimentando calles en colonias producto de las invasiones de tierra, invasiones que tolera, protege y justifica.

 

Esto es Tuxtla, el Tuxtla de siempre, el que nunca ha podido salir del bache.

 

 

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