*MÉXICO, LA AMBICIÓN POR LA HISTORIA*

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En su mensaje del pasado 1 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador, envió un mensaje claro y alentador a los mexicanos: “el cambio en el país ya empezó y nos va a ir bien”.
Contrario a los pronósticos apocalípticos de sus más fieles detractores, la transición gubernamental no provocó sobresaltos en la economía nacional, las variables económicas se comportaron favorablemente, permitiendo a México ser de los pocos países cuya moneda se fortaleció frente al dólar, la bolsa de valores permaneció estable y se alcanzó un acuerdo histórico para incrementar el salario mínimo.
Nadie que goce plenamente de sus cabales, podría negar que lo anterior es muestra significativa de la buena voluntad de un gobierno que, por encima de los prejuicios y los complots mediáticos, ha puesto su mejor empeño, desde su primer día de ejercicio, para generar en lo inmediato las condiciones necesarias de un cambio de régimen que hasta hoy, nada tiene qué ver con la sombra de un autoritarismo venezolano ni de cualquier otro tipo, y de los cuales, deberá mantenerse siempre a la distancia correcta.
A finales de noviembre pasados, la BBC de Londres, abordó el análisis de la visión que tiene López Obrador sobre su gobierno. Haciendo referencia a la expresión “hacer historia”, el servicio público de radio, televisión e internet de Reino Unido, señalaba que dicha expresión, busca marcar la pretendida relevancia histórica que AMLO quiere para su presidencia y que está presente incluso en el nombre de la coalición con la cual ganó la elección, “Juntos Haremos Historia”, la cual incluyó a su partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el partido Encuentro Social.
La relevancia histórica que pretende López Obrador, es en parte la aspiración de miles de mexicanos que anhelan una transformación profunda de la realidad de nuestro país y, en consecuencia, necesariamente, de su sistema político. No obstante, este camino no será llano, pues el repunte económico de México, no puede prescindir de los escenarios internacionales, pues se corre el riesgo de un aislamiento que echaría por borda las enormes oportunidades de desarrollo económico que representan nuestros vecinos del norte, aun con los arranques xenofóbicos de Donald Trump.
Una transformación histórica del país pasará necesariamente por erradicar de fondo las causas de la pobreza, la injusticia y el rezago, siendo México un país de enormes riquezas y potencialidades, López Obrador no se ha equivocado pues en iniciar por un frontal combate a la corrupción, mismo que pasa por eliminar los privilegios de una burocracia parasitaria que subsiste a la vez, alimentada por las minorías del poder que han concentrado por décadas la riqueza de todos, en unas cuantas manos.
La ambición por la historia, colocaría entonces al gobierno de López Obrador ante enormes retos que no serán sencillos de alcanzar. Sin embargo, hay que reconocer que, por lo menos, se están estableciendo bases para concretizar políticas públicas distintas al despilfarro y a la simulación.
Aun con sus matices, el gobierno de López Obrador, ha resultado ambiciosamente excepcional. Y esta ambición, podría constituir las nuevas bases de un sistema de gobierno que, por primera vez, piensa en la gente, trabaja para la gente y es respaldado por la gente.

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