Julián, las “buenas” intenciones

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A puerta cerrada y de espalda a la militancia, el presidente estatal del Revolucionario Institucional (PRI), recorre los municipios de Chiapas, con la intención de regresar su partido a la militancia.
Con una agenda manejada bajo un total hermetismo, se ha dispuesto a realizar reuniones con los líderes priístas, a sabiendas que este partido, viene de una aplastante derrota electoral, consecuencia no solo del hartazgo ciudadano, sino de las desbandadas y las rupturas al interior del mismo, mismas que fueron provocadas por un trato irrespetuoso de sus cúpulas, imposición de candidatos y un evidente desdén hacia las voces que reclamaban la democratización de las decisiones.
Julián Nazar representa el rostro más decadente de un priismo condenado a la derrota y reprobado, incluso, por su propia militancia. Su discurso, ahora conciliatorio, no es más que la continuidad de una política de demagogia y un conocido estilo de confrontación, en el que sólo importan sus intereses personales y familiares; el modus vivendi de un cacique corresponsable, junto al alborismo perdedor, del actual colapso del priismo.
Incapaces de anteponer el interés de la militancia sobre el interés de grupos, tanto Julián Nazar como el excandidato a la gubernatura, Roberto Albores Gleason, cargan en sus espaldas la sombra de la traición y de la mala política. Ambos, carecen de la mínima autoridad moral para pretender ponerse al frente de la reconstrucción del priismo en Chiapas.
Esta historia de traiciones y doble discurso, viene agudizándose día tras día, mientras los militantes contemplan el colapso de un instituto que, por muchos años, fue el pilar del quehacer político del país, cuna de pensadores, intelectuales, académicos y líderes que supieron consolidar un valioso programa político y principios que enaltecieron el legado de la Revolución Mexicana.
Hoy Julián rehúye de la verdadera militancia y abandona los encuentros por la puerta trasera. A la par, los priistas exigen un cambio de rumbo y otros, como Noé Castañón Ramírez, abandonan sus filas para nutrir la larga lista de desertores.
Aun así, quedan excelentes hombres y mujeres, jóvenes talentosos y cuadros de valiosa experiencia, dispuestos a rescatar a su partido. Julián Nazar en cambio, jadea cada día más, y cuesta arriba, deberá comprender lo inteligente que resulta retirarse a tiempo, abandonar obsesiones, antes de condenar al PRI a un infarto fulminante.

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