Huachicoleros todos/Quién es Quién/Noé Farrera Morales

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Los días y las batallas en contra del robo de combustible, mejor conocido como guachicoleo, nos han dejado importantes lecciones a los mexicanos, lecciones que deben ser referentes de la vida pública y también, evidencia contundente de que hemos convivido en medio de un cáncer de corrupción que nunca antes habíamos estado dispuestos a reconocer.
El combate a este mal, que carcome y mata la esperanza de los ciudadanos, ha resultado mucho más complejo de lo que se imaginaba.
El gobierno de López Obrador, ha tenido que enfrentarse a una red ampliamente organizada, que ha operado durante los últimos años con el consentimiento de los gobiernos en turno y más allá, se había apoderado de ciertas áreas del territorio nacional instituyendo una ley que ha pasado por encima del mismo Estado de Derecho.
Y es que la industria de robo de combustible en México pasa por un claro confort, y durante años ha sido un elemento básico del crimen organizado en el país. Pero la estructura criminal de ladrones de combustible pasó de grupos de poca monta a organizaciones más sofisticadas controladas por los carteles del país.
Pero, aunque hasta el momento López Obrador ha culpado en su mayor parte a los huachicoleros por la implementación de estas medidas y el desabasto resultante, la situación es mucho más compleja.
El robo de combustible no sería posible sin la complicidad de ingenieros y empleados de las refinerías de Pemex. También se ha cuestionado si las pérdidas económicas y el descontento generados por el cierre de los ductos compensan los daños causados por los ladrones de combustible.
Esta es una realidad, como también lo es que ninguna de los implicados de las esferas del poder, aquellos que desde posiciones que les permitían tomar decisiones, se aliaron con los huachicoleros y aún más, auspiciaron sus actividades obteniendo la mayor parte de las ganancias.
Y aunque hay quienes no dudan en expresar su aberración a esta estrategia del gobierno federal, señalando errores y costos, lo que no podemos negar es que al menos, hemos podido conocer en dónde estamos parados y hasta qué nivel ha llegado la corrupción y la impunidad.
Debe de quedarnos muy en claro, que combatir la delincuencia y la corrupción no es tarea fácil, incluso para un gobernante favorecido con más de 30 millones de votos, por ello es quizá, que Andrés Manuel López Obrador, no ha podido dedicar el tiempo suficiente a temas igualmente importantes como los reclamos de la sociedad que exige aplicación de la ley para los malos gobernantes, algunos de ellos, exquisitamente incrustados en su proyecto.
Algo así debe ocurrir con nuestro presidente, por supuesto, con el caso de Manuel Velasco Coello, a quien la guerra contra la corrupción le hace lo que el viento a Juárez.
Por lo menos, en este caminar, López Obrador debe tener en cuenta nuestros reclamos. Debe salpicar un poco de esperanza a los chiapanecos. Una buena señal sería actuar de inmediato en contra de los huachicoleros del presupuesto público, esos que saquearon a nuestra entidad, y andan por ahí, presumiendo sus buenas cartas.

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