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Fraude electrónico: responsabilidad compartida

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Fraude electrónico: responsabilidad compartida

En su más reciente Reporte de Estabilidad Financiera, el Banco de México (Banxico) reconoció que el mayor uso de esquemas de banca electrónica,debido al aislamiento social por la pandemia de Covid-19, ha traído consigo un incremento en los fraudes a los clientes de los bancos a través de llamadas telefónicas o correos electrónicos. El director general de Citibanamex, Manuel Romo, se había expresado en el mismo sentido días atrás, al sostener que las estafas físicas, como la clonación de tarjetas de crédito, se redujeron en 75 por ciento, pero repuntaron las que tienen lugar a raíz de compras por Internet o llamadas efectuadas por los defraudadores.
Como expresan el banco central y el ejecutivo mencionado, el aumento en la defraudación por vías electrónicas refleja, en primer lugar, el cambio en los patrones de consumo de todo tipo de bienes y uso de los servicios financieros por medios remotos, en particular las aplicaciones para teléfonos móviles que las instituciones bancarias han puesto a disposición de sus clientes desde hace varios años. Ejemplo de la aceleración impresa por la pandemia a esta mudanza hacia lo digital está en que, sólo durante los primeros meses de la emergencia sanitaria, el comercio electrónico creció 94 por ciento.

Más allá de las estadísticas, en semanas recientes se han dado a conocer en redes sociales y medios de comunicación multitud de casos de personas que perdieron importantes sumas de dinero al ser víctimas de distintas modalidades de estafa y que, en algunas ocasiones, no pudieron recuperar sus fondos, ya que los delincuentes los sustrajeron a través de los canales considerados seguros por las instituciones bancarias. Esto muestra los riesgos específicos de la digitalización, que ciertamente facilita y agiliza todo tipo de transacciones, pero también abre nuevos caminos a la criminalidad.
Este repunte en los desfalcos debe llamar a la acción de autoridades y bancos en cualquier circunstancia, pero combatirlo cobra una particular urgencia por el hecho de que se produce en medio de una severa crisis económica, que por sí misma ya causa graves dificultades financieras a millones de personas, como queda patente en el aumento del índice de morosidad entre usuarios de servicios bancarios.

En lo que toca a los intermediarios financieros, es necesario que redoblen esfuerzos para poner sus sistemas al día con los estándares de seguridad que demanda el entorno tecnológico actual. Como señaló Banxico, “se requiere que el personal responsable de la ciberseguridad en las instituciones y autoridades financieras cuente con habilidades técnicas, estratégicas y gerenciales para identificar y responder a las amenazas cibernéticas que se atraviesan hoy en día”. Por parte de las autoridades, además de colaborar con los bancos en el desarrollo de los nuevos esquemas de seguridad, deben impulsar una legislación acorde con las circunstancias, la cual facilite la prevención y persecución de este tipo de fraudes. Por último, está claro que los usuarios no pueden desentenderse de la protección de sus propios datos, que son el insumo básico de los criminales. La generalización en el uso del comercio y la banca electrónicos conlleva la responsabilidad de mantenerse informados acerca de los potenciales peligros y permanecer alertas ante comunicaciones sospechosas.

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