Editorial Péndulo de Chiapas

El fiscal general de Texas, Ken Paxton, anunció ayer que varios estados de Estados Unidos se unieron en una demanda contra Google por “comportamiento monopolista”, “prácticas de exclusión” y “declaraciones engañosas” en el manejo de la publicidad, principal fuente de ingresos de la filial de Alphabet. Esta acción legal se suma a la iniciada en octubre por el Departamento de Justicia federal bajo la acusación de que la compañía “ha sofocado la competencia para mantener su poderosa posición en el mercado”. Ayer mismo, Facebook acusó a Apple de incurrir en prácticas anticompetitivas por sus planes para limitar la capacidad de las aplicaciones de terceros para recopilar datos de los teléfonos de las personas que puedan ser usados para la publicidad personalizada (cuestionable, porque no restringirá la recopilación de datos realizada por sus propias aplicaciones.

Al otro lado del Atlántico, la Unión Europea prepara una Ley de Servicios Digitales y otra de Mercados Digitales para limitar el poder de las grandes empresas tecnológicas, y en particular poner freno a los monopolios establecidos por Google, Apple, Facebook y Amazon, conocidas como GAFA por sus acrónimos en inglés. De acuerdo con Margrethe Vestager, comisionada de la Unión Europea encargada de cuestiones tecnológicas, el propósito de dichas iniciativas es que los usuarios tengan “acceso a una amplia variedad de productos y servicios seguros en línea, y que las empresas que operan en Europa puedan competir libre y justamente en línea como lo hacen fuera de línea”.

Tanto la demanda del gobierno federal estadunidense como las anunciadas regulaciones europeas constituyen los esfuerzos más amplios hasta la fecha para acotar el poder de empresas que comenzaron como vehículos de la innovación en el despertar de la economía digital, pero que llegaron a convertirse en verdaderos titanes corporativos que dominan casi por completo sus respectivos sectores y que poseen los recursos económicos, tecnológicos y logísticos para ahogar cualquier competencia que aparezca en el horizonte. Tales compañías han construido sus modelos de negocio en torno a la violación de la privacidad, la extracción indiscriminada de datos personales, el control sobre la información, la sobrexplotación laboral –algo particularmente visible en el caso de Amazon, pero también en las plantas de ensamblaje de los dispositivos de Apple–, la aniquilación de la competencia y una brutal evasión fiscal.

Tampoco puede soslayarse que el establecimiento de monopolios en los motores de búsqueda y las redes sociales es una amenaza siempre latente para la estabilidad y la soberanía de los países: es bien conocido que Google y Facebook utilizan algoritmos (cuya programación es un secreto comercial) para determinar qué se muestra y qué se oculta a quien realiza una búsqueda o navega en su plataforma, lo cual les permite manipular la información y moldear la opinión pública de maneras que escapan incluso al mayor delirio totalitario. Esta realidad resulta aun más amenazante al constatar que la neutralidad de dichas empresas no es más que un mito creado, en buena medida, por ellas mismas.
Ese control sobre la opinión pública, junto con su desmesurado poder económico y su naturaleza intrínsecamente trasnacional, hace que resulte sumamente difícil regular a los gigantes digitales en ausencia de una legislación internacional y de un esfuerzo coordinado entre todos los estados. Lo anterior no implica caer en visiones extremas de control gubernamental, como la desplegada en China con la prohibición de actores foráneos en Internet, sino pensar en alternativas que impidan a estas megaempresas subvertir las leyes comerciales, administrativas o penales, y conjuren la amenaza que suponen a las libertades de expresión y de información.
Es deseable que ese marco legal global se alcance con un debate ciudadano generalizado acerca de los problemas generados por el crecimiento fuera de toda proporción de un puñado de compañías, así como de las características esperables en un entorno digital abierto, inclusivo, seguro y auténticamente libre.

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