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BUENOS DIAS CHIAPAS

Que veinte años es nada. Es un verso de un tango. Pero ya 57, Jefe Noé, cómo de que no.

Y es que el 7 de diciembre de 1963 fue mi ceremonia de graduación.

Generación de Normalistas “Álvaro Raquel Mendoza” 1958-1963 del Instituto de ciencias y artes de Chiapas.
La invitación citaba a las 20 horas, al terminar, dirigirnos al Casino Tuxtleco al Baile de los nuevos graduados.
Invitados de honor fueron. Dr. Samuel León Brindis, Gobernador Const. Del Edo., Sr. Esteban Corzo Blanco, Presidente Mpal. Const., Prof. Edgar Robledo Santiago, Srio. Particular del Prof. Alberto Larios Gaytán, Srio. Gral. del SNTE; quien figuraba también en la invitación, Prof. Eduardo J. Albores G., Director del ICACH; Prof. Jesús Ramírez Caloca, Director de Educ. federal en el Estado, y Prof. Jacob Pimentel Sarmiento, Director de Educ. Púb. Del Edo.
Padrino de generación, Ing. Héctor Antonio Toledo Córdova.

El programa, entrega de documentos y colocación de anillos se realizó en el paraninfo del ICACH.

(Como aquí en Tuxtla no conservamos ni lo de un siglo atrás, hace ya tiempo quitaron aquellos espejos y remodelaron ese salón. Me imagino que el paraninfo tuvo influencia francesa).

El programa de inicio con la intervención de una marimba. Enseguida, el Prof. Arturo Arévalo V., dirigió el mensaje de la alma máter a los próximos a egresar.
Otra pieza de música. Luego, a nombre del grupo a graduarse, fue el joven profesor Alberto Sánchez Merchantd, quien expuso una emotiva despedida. El quinto número correspondió a una excelente declamación interpretada por la también pasante Gloria Irene Espinosa Robles.

Enseguida se dio la emotiva entrega de Cartas de pasante a la generación, de manos del Gobernador del Estado.

Cerró el programa con las también emotivas palabras del padrino de la Gen. Ing. Héctor Antonio Toledo Córdova, quien dirigía en esas fechas el IPN.
Vamos a citar partes del mensaje que ofreció el Maestro Arévalo V.

“A medida que los pueblos van teniendo conciencia de lo básico y fundamental que entraña la plenitud de su progreso, se destaca la honrosa tarea del educador por encima de cualquier otra, ya que implica a la vez preparación científica y técnica, dedicación y compenetración en el alma de cada uno de aquellos individuos en periodo formativo físico, intelectual o moral, que son verdaderos pedazos de barro humano aún uniforme a los que ustedes les tocará modelar, estructurar, para entregar a la sociedad entes capaces de ser conscientes de su destino y bastarse a sí mismos. Sólo en esa forma se cumple con la noble profesión magisterial… Inculquen el respeto a la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos y a las leyes que de ella emanan, pues están inspiradas en los más grandes postulados y principios humanos. Cada parte de ellas han sido conquistadas con la sangre y dinamismo de nuestros héroes, y que son la síntesis de las aspiraciones de los pueblos libres, y por lo mismo es deber de todo mexicano conocerlas, respetarlas y hacer que sus normas sean respetadas, no sólo para vivir bien, sino para poder convivir con las demás naciones del orbe… recordemos al inmenso Goethe que pedía luz, más luz, es decir, la luz que da el saber para poder alumbrar el camino de la humanidad, pero esa antorcha sólo está en las manos de un maestro. Muchas gracias”.

El padrino de María Morales Ruiz fue el Gral. Gustavo Larriva y Arévalo.
Mi padrino fue el Dr. Hugo Chávez Marín, a Dios gracias vive, rebasado los 90 años. P.D. Fue el maestro de ceremonias el siempre bien recordado Alfredo Ovilla Martínez.

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