Eduardo Campos Martínez, es uno de los funcionarios más cotizados de la pasada administración. Y no lo es precisamente por haber cumplido con un desempeño excepcional, tampoco por un brillante currículum que lo tiene hoy como Director de Delegaciones y Concertación con el Sector Público del Conafe; sino por reunir una larga lista de denuncias y observaciones que van desde la venta de plazas y el desvío de recursos etiquetados para el sector educativo de la entidad, hasta el cobro de varios millones de pesos que fueron cobrados a nombre de maestros interinos con quienes hasta la fecha, la Secretaría de Educación Estatal mantiene altos adeudos.

Campos Martínez llegó al cargo de secretario de Educación Estatal en febrero de 2018, justo cuando Roberto Domínguez Castellanos, decidió presentar su renuncia a Manuel Velasco Coello, asfixiado por innumerables irregularidades transferidas por sus sucesores, sobre todo, por los turbios manejos de Ricardo Aguilar Gordillo, el artífice renacentista de los demonios de la CNTE y cerebro operador de los desfalcos multimillonarios que dieron pie a una forma de colapso institucional, ante el cual Velasco Coello mantuvo siempre una actitud complaciente, tolerante y convenenciera, pues es bien sabido que el ahijado de doña Elba Esther, se encargó de mover los hilos de las secciones 7 y 40 del SNTE, para garantizar al exgobernador, el control absoluto de las huestes sindicales bajo un conflicto de interés en el que fueron incluidos bloqueos, paros y marchas a conveniencia.
Fue Ricardo Aguilar Gordillo quien se encargó de colocar a Eduardo Campos en el cargo de secretario de Educación Estatal. Y lo hizo tras orquestar una encarnizada guerra en contra de Sonia Rincón Chanona, quien fue designada en el mismo cargo a finales de marzo de 2016, no obstante, tras una serie de embates en su contra, renunció al cargo solo cuatro meses después, tiempo en el alfil de Aguilar Gordillo fue relegado a la oficina del exsecretario técnico Roberto Rubio, quien bajo una figura de “asesor” le proporcionó oxígeno para sobrevivir a una soñada aplicación de la normatividad que jamás se vio realizada, pues políticos, mediáticos y vandálicos dirigidos contra la figura del secretaria de Educación no dieron tregua ni descanso hasta ver rodar su cabeza.

La caída de Sonia Rincón permitió un nuevo reacomodo de la mafia gordillista y fue así que Eduardo Campos se lamió los bigotes para esperar un año y medio más en la banca, antes de retornar investido del cargo de Secretario de Educación, y con esto, asegurar la continuidad de un negocio millonario, jugoso y redondo como pocas veces se ha visto.

El resultado fue un desvío millonario en agravio de la educación de las niñas y los niños de Chiapas. Como consecuencia, la actual administración habría heredado un adeudo que raya en los 5 mil millones de pesos, esto solo por concepto de pagos a maestros, sin hurgar en la malversación de recursos destinados a programas federales y estatales, que son además el epicentro del desorden académico en el que el sistema educativo se hundió durante seis largos años, todo gracias a los tentáculos del gordillismo.

Peros si bien estos desvíos son evidentes y existen pruebas fincadas de tales agravios en contra del erario público, todo parece indicar que el peso de la ley será dirigido contra quien a fin de cuentas, terminó por ser el parapeto de tal saqueo, pues el oriundo del municipio de Carranza, ese anda promoviendo a lo largo y ancho del país la reivindicación sindical y la reconquista del SNTE, mientras aquí, en su tierra natal, las cosas se ponen color de hormiga y sus otrora protegidos van de mal en peor.

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