El jefe de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan, advirtió ayer que existe el peligro de que sobrevenga un segundo pico inmediato de la pandemia de Covid-19 en países en los que da signos de amainar si se dejan de lado demasiado pronto las medidas antiepidémicas. El funcionario explicó que las epidemias suelen presentarse en oleadas, por lo que nuevos brotes de SARS-CoV-2 podrían ocurrir a finales del presente año en naciones o regiones en los que la primera ola ya había disminuido.
Ryan destacó que aunque los nuevos contagios tienden a disminuir en Europa, continúan aumentando en Centro y Sudamérica, el sur de Asia y el continente africano, y recomendó a los países europeos y de América del Norte seguir implementando medidas sociales y de salud pública, disposiciones de vigilancia y exámenes, y una estrategia integral para garantizar que mantendremos una curva descendente y no haya un segundo pico inmediato.
El señalamiento del funcionario de la OMS resulta especialmente pertinente si se considera que en el desconfinamiento, e incluso antes de él, han tenido lugar, tanto en Europa occidental como en Estados Unidos, concentraciones del todo inadecuadas y riesgosas que podrían desencadenar un nuevo ciclo de infecciones y echar a perder lo que se ha avanzado con las onerosas medidas de aislamiento y distancia social.
Debe considerarse que tanto en nuestro país como en el resto del mundo, el capítulo posterior a la reclusión y el aislamiento masivo se configura bajo intensas presiones para demandar una reactivación generalizada de la economía. Significativamente, tales presiones no provienen de los sectores poblacionales que se han visto más afectados con las estrategias antiepidémicas –los trabajadores turísticos y los del sector informal son el caso más claro–, sino de intereses corporativos que no ven la hora de recuperar el ritmo de sus ganancias. En el ámbito político, en concordancia, quienes con mayor insistencia pretenden ignorar los riesgos de los rebrotes son mandatarios como Donald Trump y Jair Bolsonaro, estrechamente identificados con los ámbitos empresariales, quienes no han dudado en propalar nociones anticientíficas y falsedades a secas sobre la naturaleza de la pandemia, del virus que la ocasiona y del padecimiento que causa.
Resulta imperativo que las autoridades mexicanas resistan tales presiones, no sólo por evidentes razones de salud pública, sino también por motivos económicos: una segunda oleada de contagios de SARS-CoV-2 sería tan desastrosa para la producción, el comercio y los servicios como lo ha sido la primera, si no es que más, y podría desembocar en escenarios de ingobernabilidad y desintegración institucional.
Así pues, en el momento presente es necesario comprender, y hacer comprender, que el retorno a la normalidad anterior a la pandemia es una ilusión irrealizable en tanto no se disponga de una vacuna preventiva, de tratamientos eficaces para el Covid-19 o de ambas cosas. Lo que viene es necesariamente una etapa incierta de ensayo y error en la que será necesario avanzar con extrema prudencia, lo cual significará suspender actividades o movilidad en cuanto se detecten nuevos brotes del coronavirus.
Finalmente, en ese escenario, la confianza en las autoridades sanitarias internacionales, nacionales y locales desempeña una función crucial y el empecinarse en desmentirlas y desacreditarlas es una irresponsabilidad que linda con lo criminal.

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